Una noche, hace ya más de 4 años, me llama el dueño de la Inmobiliaria en la que yo trabajaba. Precisaba de mí para hacer un contrato en el computador ya que la secretaria estaba enferma.
Como el que actualizaba y más trabajaba con el computador, era yo, acepté y fuí hasta la firma, donde comencé a elaborar el contrato.
Como a los 15 minutos, llegaron Ronaldinho gaúcho, con su hermano Assis, también jugador de fútbol, que actuaba en Japón y un amigo. Eran ellos quienes firmarían el contrato.
Reconozco que no sé nada de fútbol y menos nombres de jugadores. Un colega me dijo: -Viste, ese es Ronaldinho, y digo ¿Por qué le dicen así, porque es negro y parecido a Ronaldo el carioca, -que en ese momento era el famoso?
Y me dicen:- El nombre de él es Ronaldo, y juega en el club Gremio.
Bueno... me dediqué a hacer mi trabajo. Llevé las copias impresas hasta la sala donde todos estaban sentados, firmaron y a la salida él se despidió de cada uno de nosotros, dándonos la mano.
La impresión que me dio en el momento fue que era un muchacho simple, a pesar de estar vestido con ropas de marcas internacionales. No tenía ningún aire de grandeza o de ostentación. En esa época era un jugador del montón.
Después explotó su calidad siendo uno de los mejores jugadores del mundo. Fué comprado por el Paris Saint Germain y después se fué a España.
Se consagró como el mejor jugador de fútbol del año, por su fairplay, y sus diabluras de gurí, enloqueciendo a los adversarios.
Pero no ha perdido su simpicidad. Eligió, para vivir, una casa en un condominio aquí en la zona sur de Porto Alegre, a escasos 2 kilómetros del campito de tierra, donde comenzó a domar el mejor regalo que le hicieron en su vida, una pelota de fótbol.
Más tarde conocí a su madre Doña Miguelina, una señora muy simpática y de ojos muy vivaces.
Los fines de semana que viene por aquí, Ronaldinho tiene un compromiso ineludible: tocar samba, y comerse un asadito con sus amigos de siempre, lejos de las cámaras del mundo entero.
Por eso, cuando vean a un pibe pateando una pelota solito en un campito de futbol, dediquen un minuto para observarlo con atención. De repente están frente a un nuevo ídolo mundial y tendrán tema para hacer un relato, como este mío.
jueves, 26 de abril de 2007
MEXICO LINDO Y QUERIDO
La primera vez que fui a realizar un curso a los Estados Unidos, tuve muchas dificultades para obtener la visa.
(ya en aquella época).
En ese momento yo vivía en Caracas, Venezuela. Y aunque la firma Burroughs, para la que yo trabajaba, se responsabilizaba por mi retorno, no fué fácil obtener la visa.
El viaje estaba programado para ir en viernes, y de esa manera yo podía aprovechar el fin de semana para conocer México), casi sin gastar nada.
El vuelo salía a las 18:45 del aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Eran las 17 horas y yo aún me encontraba frente al cónsul norteamericano, de origen portoriqueño, quien muy grosero y maleducado, me gritaba que no estaba obligado a darme la visa, etc...
Todo eso sucedía porque , por las negativas anteriores para otorgármela, la compañía hizo gestiones ante Wáshington, sobre mi viaje y curso.
¡¡Quien diría!... Charlypoa estaba generando un incidente diplomático internacional!!
A las 17 y 30 me tiró el pasaporte con la famosa visa, encima de la mesa, con gesto de desprecio. Rápidamente lo recogí antes de que se arrepintiera.
Tomé un taxi hasta mi casa a recoger la valija y despedirme de mi esposa. El taxista me decía que sería prácticamente imposible bajar de Caracas,(que se encuentra a 1000 metros de altura), hasta La Guaira (al nivel del mar) en una hora, en un viernes lluvioso y con muchos congestionamientos de tránsito.
-Aún así,-le dije- vamos a intentarlo!!
Llegamos faltando 5 minutos para la salida. Corrí hacia corriendo el balcón de la compañia aérea Mexicana de Aviación, donde me informaron que el vuelo estaba CERRADO y que no era posible mi embarque, etc.
En eso llegaron 3 pasajeros más. Aumentó la presión y el empleado, con tal de liberarse de 4 pasajeros muy molestos, tomó nuestras valijas, entregándonos el ticket de embarque y nos dijo: -Corran que el avión está saliendo!!
Allá salimos, esquivando ancianos y niños. Llegamos a la pista y mirando en ambas direcciones, no vimos nuestro avión.!!
Mientras pensamos si ya se fué o no, otros pasajeros nos informaron que el vuelo estaba "demorado"...
A las 19 y 30 llaman de nuevo. Ordenadamente, nos colocamos en la fila que se deshace en 15 minutos, porque... nada de embarcar.
El avión tenía problemas mecánicos que estaban tratando de reparar. Era una pavadita "una turbina estaba perdiendo aceite"!!
Y asi siguió el "llama y desllama", hasta que nos entregaron el ticket para la cena, cortesía (u obligación) de la compañia aérea.
Conocí un par de viajantes panameños con quienes compartí algunas cervezas y muchas historias. A la 1 y media de la madrugada, anuncian los parlantes "Pasajero Sr. Carlos Arce última llamada vuelo a México!!"
A la pucha, digo, ahora sí va en serio: Mejor me apuro para que no me dejen... Fué cancelada la escala en ciudad de Panamá y volaremos directo a México City.
Al subir al avion somos recibidos por una simpática tripulación y la noticia de que hay "canilla libre". Pensé, un par de tequilas para bajar toda esta cerveza, no me vendrían mal... Y después de tanta adrenalina para un solo día, me duermo en un excelente y tranquilo vuelo.
Me despierta la voz del piloto, anunciando aproximación a México, aún noche cerrada.
Tenía la información de que la Capital estaba a más de 2000 metros de altura, pero llegando, sólo veo un enorme valle hasta el horizonte.
Desembarcamos y espero por las valijas. Para hacer tiempo, inicio una charla con el oficial de aduana, sobre qué dejan pasar y qué no dejan. Creo que pensó que yo era un contrabandista, sondeando el local!!
Me convencí de ello cuando llego mi valija. La "peinó" de arriba a abajo y se "enamoró" de un par de zapatos, con suela de goma gruesa, tipo plataforma, que trató de "abrir", durante 5 minutos, retorciéndolos, y yo mirándolo con la conciencia limpia. Al final decidió desistir.
Me tomo un taxi (volkswagen escarabajo) que, al igual que en Brasil eran muy populares en esa época.
Le digo -"Manito llevame a un hotel que no sea muy caro, en la zona de Reforma (centro) ".
-"Caro, hasta cuánto, me pregunta".
Le digo "de 15 a 20 dólares está bien". Por suerte, esa noche el peso mexicano se había desvalorizado un 30% en relación al dólar.
20 minutos después llegamos a un tremendo hotel de 15 pisos, con alfombra verde hasta la calle y un portero que, más parecía un comandante lleno de condecoraciones . Abrió la puerta del taxi y llevó mi valija.
Le digo - no será más caro de 20 dólares todo este lujo,y el chofer me confirmó que no...
Voy a la recepción donde me informan que sólo tienen disponible suite matrimonial, y que el precio por día es de sólo DIEZ DOLARES!!!!
Tener sala de estar, lavabo, un regio baño, cama matrimonial, aire acondicionado y tv, todo por ese precio solo podía verse en aquellos tiempos!!
Miro el reloj, son las 6 y media. Se me ocurre que no voy a conseguir dormir, y si lo hiciese perdería el día. Me baño y a las 8, salgo a la calle a reconocer el terreno.
Reforma es una zona central, muy turística. Tomo un desayuno (norteamericano) imagino que ideado para agradar a los turistas. Camino un par de cuadras más y entro en una agencia de turismo, donde adquiero un "city tour" y un mapa de la ciudad.
Paseo por los lugares más típicos, almuerzo y de tarde salgo por cuenta propia.
Me voy al ZÓCALO, plaza central, Pienso que ya estoy completamente adaptado y emprendo una rápida carrerita, subiendo tres tramos de la escalera, cuando digo ...EPA!!!
Algo está diferente. El corazon me galopa y quiere salirse por la boca. De ahí en adelante, tomo más cuidado y así voy conociendo La Torre Latinoamericana , la más alta de América (claro contando de 2250 metros para arriba) . Ya ha aguantado varios terremotos fuertes. Conozco el Museo de Arte Precolombino, el Castillo de Chapultepec y subiendo en el subte, recorro varios barrios.
Al día siguiente voy al lago Xochimilco, que sobró de lo que era originalmente la ciudad, tal como dice la cancion México en una laguna!
Hay una especie de chalana, con sillas de respaldo alto, (parecen de comedor) para llevar a los pasajeros. Pregunto el precio, 3 dólares -me dicen.
Me subo y el "chofer", arranca conmigo solo!!
Al lado, desdeotras embarcaciones llenas, me miran como a un "potentado"..
Recién me doy cuenta que por 3 dólares me alquilé el barco entero...
A nuestro lado pasan mariachis ofreciendo sus canciones a cambio de una propina, y vendedoras con pequeños hornos a leña, para mantener caliente las comidas, enchiladas, tacos, tamales, sopes y demás iguarias.
Todo eso al son de marimbas (xilófonos de madera) que le dan un toque bucólico al local!!!.
Regreso cansado al hotel y me acuesto a reponer mis energías, ya que al día siguiente, sigo rumbo a los States.
No conocí la noche mexicana, pues estaba molido por el cansancio y la diferencia del hfuso horario. Me dijeron que el "point" es la plaza GARIBALDI en la zona rosa y sus mariachis.
Pasé un fin de semana en la capital, llevándome la sensación de un pueblo muy hospitalario, servicial con el turista y amigo, bastante similar al brasileño. Desde alli seguí viaje a California, pero esa ya es otra historia.
(ya en aquella época).
En ese momento yo vivía en Caracas, Venezuela. Y aunque la firma Burroughs, para la que yo trabajaba, se responsabilizaba por mi retorno, no fué fácil obtener la visa.
El viaje estaba programado para ir en viernes, y de esa manera yo podía aprovechar el fin de semana para conocer México), casi sin gastar nada.
El vuelo salía a las 18:45 del aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Eran las 17 horas y yo aún me encontraba frente al cónsul norteamericano, de origen portoriqueño, quien muy grosero y maleducado, me gritaba que no estaba obligado a darme la visa, etc...
Todo eso sucedía porque , por las negativas anteriores para otorgármela, la compañía hizo gestiones ante Wáshington, sobre mi viaje y curso.
¡¡Quien diría!... Charlypoa estaba generando un incidente diplomático internacional!!
A las 17 y 30 me tiró el pasaporte con la famosa visa, encima de la mesa, con gesto de desprecio. Rápidamente lo recogí antes de que se arrepintiera.
Tomé un taxi hasta mi casa a recoger la valija y despedirme de mi esposa. El taxista me decía que sería prácticamente imposible bajar de Caracas,(que se encuentra a 1000 metros de altura), hasta La Guaira (al nivel del mar) en una hora, en un viernes lluvioso y con muchos congestionamientos de tránsito.
-Aún así,-le dije- vamos a intentarlo!!
Llegamos faltando 5 minutos para la salida. Corrí hacia corriendo el balcón de la compañia aérea Mexicana de Aviación, donde me informaron que el vuelo estaba CERRADO y que no era posible mi embarque, etc.
En eso llegaron 3 pasajeros más. Aumentó la presión y el empleado, con tal de liberarse de 4 pasajeros muy molestos, tomó nuestras valijas, entregándonos el ticket de embarque y nos dijo: -Corran que el avión está saliendo!!
Allá salimos, esquivando ancianos y niños. Llegamos a la pista y mirando en ambas direcciones, no vimos nuestro avión.!!
Mientras pensamos si ya se fué o no, otros pasajeros nos informaron que el vuelo estaba "demorado"...
A las 19 y 30 llaman de nuevo. Ordenadamente, nos colocamos en la fila que se deshace en 15 minutos, porque... nada de embarcar.
El avión tenía problemas mecánicos que estaban tratando de reparar. Era una pavadita "una turbina estaba perdiendo aceite"!!
Y asi siguió el "llama y desllama", hasta que nos entregaron el ticket para la cena, cortesía (u obligación) de la compañia aérea.
Conocí un par de viajantes panameños con quienes compartí algunas cervezas y muchas historias. A la 1 y media de la madrugada, anuncian los parlantes "Pasajero Sr. Carlos Arce última llamada vuelo a México!!"
A la pucha, digo, ahora sí va en serio: Mejor me apuro para que no me dejen... Fué cancelada la escala en ciudad de Panamá y volaremos directo a México City.
Al subir al avion somos recibidos por una simpática tripulación y la noticia de que hay "canilla libre". Pensé, un par de tequilas para bajar toda esta cerveza, no me vendrían mal... Y después de tanta adrenalina para un solo día, me duermo en un excelente y tranquilo vuelo.
Me despierta la voz del piloto, anunciando aproximación a México, aún noche cerrada.
Tenía la información de que la Capital estaba a más de 2000 metros de altura, pero llegando, sólo veo un enorme valle hasta el horizonte.
Desembarcamos y espero por las valijas. Para hacer tiempo, inicio una charla con el oficial de aduana, sobre qué dejan pasar y qué no dejan. Creo que pensó que yo era un contrabandista, sondeando el local!!
Me convencí de ello cuando llego mi valija. La "peinó" de arriba a abajo y se "enamoró" de un par de zapatos, con suela de goma gruesa, tipo plataforma, que trató de "abrir", durante 5 minutos, retorciéndolos, y yo mirándolo con la conciencia limpia. Al final decidió desistir.
Me tomo un taxi (volkswagen escarabajo) que, al igual que en Brasil eran muy populares en esa época.
Le digo -"Manito llevame a un hotel que no sea muy caro, en la zona de Reforma (centro) ".
-"Caro, hasta cuánto, me pregunta".
Le digo "de 15 a 20 dólares está bien". Por suerte, esa noche el peso mexicano se había desvalorizado un 30% en relación al dólar.
20 minutos después llegamos a un tremendo hotel de 15 pisos, con alfombra verde hasta la calle y un portero que, más parecía un comandante lleno de condecoraciones . Abrió la puerta del taxi y llevó mi valija.
Le digo - no será más caro de 20 dólares todo este lujo,y el chofer me confirmó que no...
Voy a la recepción donde me informan que sólo tienen disponible suite matrimonial, y que el precio por día es de sólo DIEZ DOLARES!!!!
Tener sala de estar, lavabo, un regio baño, cama matrimonial, aire acondicionado y tv, todo por ese precio solo podía verse en aquellos tiempos!!
Miro el reloj, son las 6 y media. Se me ocurre que no voy a conseguir dormir, y si lo hiciese perdería el día. Me baño y a las 8, salgo a la calle a reconocer el terreno.
Reforma es una zona central, muy turística. Tomo un desayuno (norteamericano) imagino que ideado para agradar a los turistas. Camino un par de cuadras más y entro en una agencia de turismo, donde adquiero un "city tour" y un mapa de la ciudad.
Paseo por los lugares más típicos, almuerzo y de tarde salgo por cuenta propia.
Me voy al ZÓCALO, plaza central, Pienso que ya estoy completamente adaptado y emprendo una rápida carrerita, subiendo tres tramos de la escalera, cuando digo ...EPA!!!
Algo está diferente. El corazon me galopa y quiere salirse por la boca. De ahí en adelante, tomo más cuidado y así voy conociendo La Torre Latinoamericana , la más alta de América (claro contando de 2250 metros para arriba) . Ya ha aguantado varios terremotos fuertes. Conozco el Museo de Arte Precolombino, el Castillo de Chapultepec y subiendo en el subte, recorro varios barrios.
Al día siguiente voy al lago Xochimilco, que sobró de lo que era originalmente la ciudad, tal como dice la cancion México en una laguna!
Hay una especie de chalana, con sillas de respaldo alto, (parecen de comedor) para llevar a los pasajeros. Pregunto el precio, 3 dólares -me dicen.
Me subo y el "chofer", arranca conmigo solo!!
Al lado, desdeotras embarcaciones llenas, me miran como a un "potentado"..
Recién me doy cuenta que por 3 dólares me alquilé el barco entero...
A nuestro lado pasan mariachis ofreciendo sus canciones a cambio de una propina, y vendedoras con pequeños hornos a leña, para mantener caliente las comidas, enchiladas, tacos, tamales, sopes y demás iguarias.
Todo eso al son de marimbas (xilófonos de madera) que le dan un toque bucólico al local!!!.
Regreso cansado al hotel y me acuesto a reponer mis energías, ya que al día siguiente, sigo rumbo a los States.
No conocí la noche mexicana, pues estaba molido por el cansancio y la diferencia del hfuso horario. Me dijeron que el "point" es la plaza GARIBALDI en la zona rosa y sus mariachis.
Pasé un fin de semana en la capital, llevándome la sensación de un pueblo muy hospitalario, servicial con el turista y amigo, bastante similar al brasileño. Desde alli seguí viaje a California, pero esa ya es otra historia.
MAICAO-RIO HACHA
HacÍa dos semanas que había llegado a Caracas, y buscaba algo para disfrutar el fin de semana, cuando veo en el diario una excursión a Maracaibo y Maicao. Ya sabía que la primera ciudad era la segunda en tamaño del país, capital del estado de Zulía y la segunda, no tenía idea de dónde quedaba...
Me informo del precio y contrato la excursión.
El viernes a las 20 hs. me voy hasta El Silencio (qué nombrecito para un barrio ruidoso, en pleno centro de la ciudad). Salimos con el ómnibus y viajamos toda la noche.
Al amanecer cruzamos el puente del lago de Maracaibo (el mayor lago de Sudamérica).
Pasamos como un bólido sin conocer prácticamente nada, siguiendo hacia el norte hacia la frontera colombiana.
Toda esa zona es habitada por los indios goajiros. Viven a ambos lados de la frontera. Llama la atención la cantidad de mujeres jóvenes viudas , que se las reconoce pues usan una túnica negra, al contrario de las otras, que visten túnicas de muchos colores.
La ley de los goajiros es "ojo por ojo", y cuando corre sangre en alguna pelea, las luchas duran semanas.
Paramos para tomar um "refresquito" en la carretera, y me veo sorprendido por el ofrecimiento del dueño del establecimiento, que me quiere vender a su novia: una goajira menor de edad!!
Me insiste que la lleve, que tendré una excelente empleada doméstica. Con mucha educación agradezco y rechazo su generosa oferta!!
Seguimos hacia la frontera donde veo, al llegar, un ataúd de tablas de pino bruto, con un cadáver adentro.
Nos informan que es un venezolano que fue muerto anoche y lo están repatriando.
"A la pucha" , digo... la cosa viene violenta por aquí...
Un matrimonio español y yo somos rechazados en la frontera con Colombia por no poseer visa. No tenemos más remedio que volver algunos kilómetros hasta el poblado de Paraguaipoa, donde hay un consulado colombiano.
Así lo hacemos y después seguimos hasta la primera ciudad, que es Maicao.
Las calles son de tierra, y hay mucha gente con revólver en el cinturón, al más puro estilo "Far West".
La gente de la "excursión" se dedica a aquello que vinieron a hacer: comprar todo tipo de contrabando, whisky, ropas, cigarros etc.
Habiendo visto el cajón en la frontera y el clima local, le comento al guía:"-aquí, no duermo ni mamado, prefiero volver de rodillas a territorio venezolano.
Pero el guía calma mi nerviosismo, diciendo que no me preocupe, que dormiremos en la ciudad de Riohacha más adelante, lo que realmente hacemos antes del anochecer.
Meses más tarde me enteré que habíamos estado en el medio de una de las zonas de mayor plantación de marihuana en escala industrial, con cosechadoras, como si fuese soja.... y que ese tramo Maicao-Riohacha sólo es recorrido en convoy y con escolta militar!!
Mi angelito de la guarda una vez más estuvo a mi lado!!
Llegamos a Riohacha, una ciudad agradable, con calles de hormigón. Nuestro hotel, era simple y limpio. ¿Qué más se puede pedir?.
Cenamos al ritmo de cumbias, previa degustación de un ron añejo, unos peces asados, muy sabrosos, acompañados de arroz y yuca frita, a orillas del Mar del Caribe, debajo de unas palmeras altas, movidas por una suave brisa....
Después de una excelente noche de descanso, volvimos por la "ruta del infierno", recogiendo los paquetes de 5 ks de bagayo previamente embalados y guardados.
En plan de turismo, yo sólo compré un cartón de cigarros y una botella de whisky.
Hicieron una colecta para darle una propina a los aduaneros de la frontera. Funcionó el soborno y pasamos sin problemas.
Pero,... siempre hay un pero, fuimos detenidos nuevamente a dos kms de la frontera.
Desesperacion total: Algunas mujeres vistieron a sus hijos con 5 camisas , 5 pantalones, etc. Los gurises parecían robots bajo una temperatura de 38 grados. Imagínense la sensación de incomodidad.
La guardia nacional sacó contrabando en carretilla y finalmente, al cruzar el puente del lago de Maracaibo, nuevamente fuimos parados, por un control que se encargó de limpiar lo poco que quedaba y que se había salvado .
Alli inicié (sin saberlo) y terminé mi carrera de contrabandista!!
Me informo del precio y contrato la excursión.
El viernes a las 20 hs. me voy hasta El Silencio (qué nombrecito para un barrio ruidoso, en pleno centro de la ciudad). Salimos con el ómnibus y viajamos toda la noche.
Al amanecer cruzamos el puente del lago de Maracaibo (el mayor lago de Sudamérica).
Pasamos como un bólido sin conocer prácticamente nada, siguiendo hacia el norte hacia la frontera colombiana.
Toda esa zona es habitada por los indios goajiros. Viven a ambos lados de la frontera. Llama la atención la cantidad de mujeres jóvenes viudas , que se las reconoce pues usan una túnica negra, al contrario de las otras, que visten túnicas de muchos colores.
La ley de los goajiros es "ojo por ojo", y cuando corre sangre en alguna pelea, las luchas duran semanas.
Paramos para tomar um "refresquito" en la carretera, y me veo sorprendido por el ofrecimiento del dueño del establecimiento, que me quiere vender a su novia: una goajira menor de edad!!
Me insiste que la lleve, que tendré una excelente empleada doméstica. Con mucha educación agradezco y rechazo su generosa oferta!!
Seguimos hacia la frontera donde veo, al llegar, un ataúd de tablas de pino bruto, con un cadáver adentro.
Nos informan que es un venezolano que fue muerto anoche y lo están repatriando.
"A la pucha" , digo... la cosa viene violenta por aquí...
Un matrimonio español y yo somos rechazados en la frontera con Colombia por no poseer visa. No tenemos más remedio que volver algunos kilómetros hasta el poblado de Paraguaipoa, donde hay un consulado colombiano.
Así lo hacemos y después seguimos hasta la primera ciudad, que es Maicao.
Las calles son de tierra, y hay mucha gente con revólver en el cinturón, al más puro estilo "Far West".
La gente de la "excursión" se dedica a aquello que vinieron a hacer: comprar todo tipo de contrabando, whisky, ropas, cigarros etc.
Habiendo visto el cajón en la frontera y el clima local, le comento al guía:"-aquí, no duermo ni mamado, prefiero volver de rodillas a territorio venezolano.
Pero el guía calma mi nerviosismo, diciendo que no me preocupe, que dormiremos en la ciudad de Riohacha más adelante, lo que realmente hacemos antes del anochecer.
Meses más tarde me enteré que habíamos estado en el medio de una de las zonas de mayor plantación de marihuana en escala industrial, con cosechadoras, como si fuese soja.... y que ese tramo Maicao-Riohacha sólo es recorrido en convoy y con escolta militar!!
Mi angelito de la guarda una vez más estuvo a mi lado!!
Llegamos a Riohacha, una ciudad agradable, con calles de hormigón. Nuestro hotel, era simple y limpio. ¿Qué más se puede pedir?.
Cenamos al ritmo de cumbias, previa degustación de un ron añejo, unos peces asados, muy sabrosos, acompañados de arroz y yuca frita, a orillas del Mar del Caribe, debajo de unas palmeras altas, movidas por una suave brisa....
Después de una excelente noche de descanso, volvimos por la "ruta del infierno", recogiendo los paquetes de 5 ks de bagayo previamente embalados y guardados.
En plan de turismo, yo sólo compré un cartón de cigarros y una botella de whisky.
Hicieron una colecta para darle una propina a los aduaneros de la frontera. Funcionó el soborno y pasamos sin problemas.
Pero,... siempre hay un pero, fuimos detenidos nuevamente a dos kms de la frontera.
Desesperacion total: Algunas mujeres vistieron a sus hijos con 5 camisas , 5 pantalones, etc. Los gurises parecían robots bajo una temperatura de 38 grados. Imagínense la sensación de incomodidad.
La guardia nacional sacó contrabando en carretilla y finalmente, al cruzar el puente del lago de Maracaibo, nuevamente fuimos parados, por un control que se encargó de limpiar lo poco que quedaba y que se había salvado .
Alli inicié (sin saberlo) y terminé mi carrera de contrabandista!!
DIAMANTINA
Leyendo el email con las historias de viaje de un amigo entre Uruguay, Brasil y Estados Unidos, recordé un viaje que hice a la ciudad de Diamantina, en el Estado de Minas Gerais, en Brasil.
Estaba realizando un curso en Belho horizonte, por cuenta de la firma, y me encontraba en la terminal de ómnibus pronto para mi regreso. Mientras estaba comiendo un refuerzo, una linda joven morocha comenzó a mirarme de forma insistente.
Uno siempre se hace a la idea de que el asunto no es con uno. Debe estar mirando a otra persona que está detrás mío, pensé...doy vuelta la cara y no había nadie.
Visto y considerando que el asedio continuaba, y en vista de que la chica estaba acompañada de una pareja de amigos, pedí permiso y compartí la mesa de ellos.
Era estudiante y volvía a su ciudad natal, Diamantina, ciudad colonial similiar a Ouro Preto. En aquella ciudad nació JK o sea el presiente Juscelino Kubitcheck fundador de Brasilia.
Yo volvía a Río de Janeiro, asi que intercambiamos direcciones y subimos en los respectivos ómnibus, emprendiendo el camino en direcciones totalmente opuestas.
Antes de partir me invitó para que un día fuese a conocer su ciudad. Después de este acontecimiento, pasaron 7 u 8 meses... Se aproximaba el carnaval...
2 millones de cariocas, los habitantes de la ciudad de Río de Janeiro, decían : está loco este tipo todo el mundo soñando con ir a Río en Carnaval y él tratando de salir.
Para quien vive en Río, es una tortura quedarse en la ciudad, a no ser que sea fanático de ir a ver desfilar a la Marques de Sapucaí!!
Casi todo está cerrado, lleno de turistas y los precios triplicados o cuadruplicados. En el hotel que la firma me pagaba, ponían a 3 o 4 en cada cuarto.
Así que después de mi trabajo, me tomé un ómnibus para rodar 9 horas haciendo el viaje entre Río y Belho Horizonte. Es un viaje bastante desagradable, ya que buena parte del recorrido, va por la montaña, con demasiadas curvas, siendo necesario sujetarse para no golpear la cabeza contra el vidrio.
Bueno... al amanecer bajo en la terminal nueva en esa época, (1970), y voy a buscar un ómnibus hacia la ciudad de Diamantina. Hacía media hora había salido uno y el siguiente salía recién a las 3 de la tarde.
Como opción me tomé un transporte local hacia la salida de la ciudad, parando en el puesto de la Policía Rodoviaria Federal (caminera). Me dirigí al policía explicándole mi problema y mi deseo de viajar a Diamantina.
Me responde: No te preocupes espera aquí, al primer camión que pase, le pido que te lleve...
Dicho y hecho, el primer "mercedito" que pasó, fue abordado por el policía. Le pidió al chofer si me podía llevar, a lo que accedió de inmediato.
Y allá nos vamos. Se dirigia a Brasilia, y en algunas horas de mucha charla, me acercó hasta la ciudad de Curvelo, ya próxima a mi destino.
Yo estaba super contento con mi suerte, aunque con mucho calor. Me quedé sentado en una piedra, rodeado por muchas moscas, esperando poder seguir mi viaje, que solo se concretó 2 horas después.
Esta vez conseguí un viaje directo hasta Diamantina.
Cuando llegamos me orienté fácilmente, ya que la ciudad es pequeña, 100% colonial, con las mismas calles empedradas por donde caminaban los esclavos, con sus iglesias barrocas, única señal de modernidad, con las luces de la calle de mercurio y las antenas de tv, ya que las paredes deben ser conservadas como estaban originalmente.
A la plaza principal aún llegan los burritos con mercaderías, para hacer el trueque como sus ancestros.
Preguntando aquí y allá, llegué a la casa de mi amiga, que del susto, casi se cae para atrás. Nunca pensó que este uruguayito pudiese llegar tan lejos.
Su mamá, viuda, me recibió muy amistosa y cariñosamente como si fuera un hijo más. No hubo forma de convencerla de que me quedaría en un hotel. Corrió a un hijo suyo para otra sala, y me dió su aposento para mi uso.
De la misma forma, todos los días me preguntaba qué queríia comer y... hasta me lavaba mi ropa.
Pasé un carnaval completo en esta ciudad que me recibió de forma tan abierta. Me presentaron al intendente que autorizó un pase libre para mí en todos los bailes locales.
Es de hacer notar que como ciudad chica del interior, en los barcitos nocturnos lo que más se ve, son muchachas en la proporción de 10 de ellas por cada hombre. Ellos se van a la capital a estudiar y ellas se quedan haciendo magisterio lo que casi una de sus pocas opciones..
Asi que yo era el rey, y más por ser forastero, rodeado por bellas muchachas, que irradiaban simpatía. .
Los "blocos", o sea las agrupaciones carnavalescas, recorren las estrechas calles de la ciudad, siendo posible unirse a ellos en una especie de "llamadas mineiras".
Diamantina es famosa por la "chica da silva", la esclava negra, que fué amante de un terrateniente y pasó a la historia. Ya se hizo una novela y hasta una película con su historia.
Volví 2 veces a esta ciudad, que a pesar de la distancia, me hizo vivir y disfrutar de un carnaval diferente más alegre y más auténtico que su homónimo de Rio de Janeiro.
COSTA A COSTA
Como era costumbre, la firma multinacional de informática en la que yo trabajaba en Caracas, esperaba a última hora para confirmar mis viajes a cursos. En esa oportunidad, no había más vuelos directos, por lo que fue necesario hacer varias combinaciones de compañias aéreas y aeropuertos.
Asi fue esa vez que, saliendo de Venezuela, debería cambiar de avión en el aeropuerto Kennedy de NUEVA YORK y otro en Los Angeles en California, para finalmente llegar a mi destino final, la ciudad de San José.
Por salir de un país tropical con 39 grados y llegar a una ciudad no muy fría, ni me preocupé de llevar ropa de abrigo. Así que fui con mi clásica camisa estampada " caribeña" y unos pantalones de tela fina y material sintético.
El vuelo fue tranquilo hacia los STATES aunque yo estaba ansioso por ver, por lo menos desde el aire, la estatua de la Libertad y la isla Manhatan. Perdí..., una densa neblina solo me permitió ver la luz roja parpadeando en la punta del ala y nada más .
Aterrizamos y nos dirigimos a la sala internacional de desembarque.
Se realizó la revision de pasaporte y visa y las clásicas dos preguntitas de inmigración.
-A qué vino a los Estados Unidos?
-Cuánto tiempo se va a quedar?
Prosiguió una rápida revisada a la valija y quedé listo para hacer mi conexion.
Como el aeropuerto es muy grande, es nescesario tomar un ómnibus interno para ir hasta la otra compañía, la TWA.
Me dirigí hacia la salida y como a unos 15 pasos diviso, del otro lado de la puerta, a un cargador de valijas, que más parecía un oso polar por su vestimenta.
Llevaba varias casacas, un gorro tapando toda su cabeza, bufanda enroscada varias veces en su pescuezo, guantes en sus manos y los clásicos tapaorejas de piel, tan típicos de los países frios.
Nos miramos mutuamente, y yo pensé:
Qué payaso... para qué tanta ropa... no está tan frío...
Y me imagino que el también pensó :
Esta cucaracha latina, sin ropa de abrigo... se va a congelar.
La puerta automática se abre, y paso del paraíso al infierno (pero helado), en un segundo.
Es más o menos como pasar del día más caluroso del verano a las 2 de la tarde, a la noche más helada del invierno.
Estaba 3 grados bajo cero!!
Pero por cierto, no le iba a dar gusto a los demás de escuchar mis gritos aterrorizados de frío... ¿ y mi garra charrúa?
Era hora de ponerla en evidencia, así que mostrando la más absoluta indiferencia, caminé con mi valija hasta el ómnibus.
Hice mi embarque y despegamos hacia la dorada California.
Con la eficiencia americana, todo eso fue hecho en 25 minutos, ...son cosas del primer mundo.
Bueno, dentro del avión un agradable aire acondicionado me hizo "revivir" de aquel "polo congelado neoyorquino".
Vi una buena película, el paisaje agradable y bebí una taza de cafe, (si se pude llamar café). Pero, por un descuido, la azafata en lugar de vertir el café en la taza, lo derramó en mis pantalones .
Sobreviene la tragedia, y la alarma general. La pobre no sabía qué cara poner, vino otra colega con un paño húmedo, y vino el jefe de comisarios a presentar sus disculpas.
Superado el inconveniente y ya tomada mi taza de café, la azafata me ofreció un kit cortesía, un "jogging" de moleton en el clásico color rojo, con el emblema de la compañía. No me hice rogar, fui al baño y volví seco, luciendo mi nuevo uniforme,... .
Los vuelos costa a costa, en condiciones normales duran aproximadamente 5 horas, que pueden verse reducidas cuando la aeronave encuentra los llamados WINDS TAIL, o sean las corrientes de viento de las altitudes, que empujan al avión.
Como ganamos más de media hora, el piloto nos ocsequió con un vuelo a baja altitud, sobre el Grand Canyon de Arizona, que a la hora del altardecer, brinda un sinfín de tonos de ocre y marrón.
Cerca de Los Angeles, pregunté a una azafata sobre mi próxima conexión. Mi boleto está marcado SAN JOSE y un código de la compañía aérea "AC" que no me es familiar. Ella trata de informarse a traves de la radio del avión y me confirma: - " Señor, la compañía es AIR CALIFORNIA, pero ese vuelo que Ud. tiene marcado es para Ontario Canadá!!
-¿Cómo?... Yo quiero ir a San José, y no voy a volver hacia atrás.
-Lo siento mucho, pero tendrá que solucionar su problema en el nostrador de la compañía.
Cuando aterrizamos, me voy furioso a esclarecer el lío, ya pensando que me demoraría un día más hasta obtener un asiento para viajar.
Pero mi pensamiento tercermundista es resuelto en sólo 5 minutos. El empleado entra en su terminal y rehace mi ruta...
...¿Y los pasajes? - le digo.
- No problems. Los imprime y me los entrega. En 30 minutos usted embarcará en nuestro puente aéreo hacia la ciudad de San Francisco y desde allí lo llevaremos a San José...
Resuelto ese trámite burocrático, me acuerdo de mi pobre mi valija... Me indica una puerta como a unos 20 metros y por radio indica al encargado el código de la maleta.
Es increíble el sistema. Si si uno llega y deposita su valija antes del horario de salida de su vuelo, ellos la despachan en el primer vuelo que vaya en ese sentido, tal es así, que muchas veces, la valija llega ANTES que el pasajero y queda a su disposición.
No obstante ello, y viendo tantos jumbos llegando de todas partes del mundo, y el enorme trafico aéreo de la terminal, uno llega a dudar de tanta eficiencia.
Me encamino, ya medio desconfiado, hacia la puerta indicada y cuando faltaban 5 metros para llegar, allí estaba mi valija en manos del funcionario.
El resto del vuelo estuvo conforme a lo planificado; una hora de vuelo hasta el aeropuerto internacional de San Francisco y desde allí, la compañía decoló un 707, para llevar una señora con su hija, una azafata y a mí, (además piloto y copiloto), con más de 230 asientos vacíos para recorrer 60 kms..... increíble....
Asi fue esa vez que, saliendo de Venezuela, debería cambiar de avión en el aeropuerto Kennedy de NUEVA YORK y otro en Los Angeles en California, para finalmente llegar a mi destino final, la ciudad de San José.
Por salir de un país tropical con 39 grados y llegar a una ciudad no muy fría, ni me preocupé de llevar ropa de abrigo. Así que fui con mi clásica camisa estampada " caribeña" y unos pantalones de tela fina y material sintético.
El vuelo fue tranquilo hacia los STATES aunque yo estaba ansioso por ver, por lo menos desde el aire, la estatua de la Libertad y la isla Manhatan. Perdí..., una densa neblina solo me permitió ver la luz roja parpadeando en la punta del ala y nada más .
Aterrizamos y nos dirigimos a la sala internacional de desembarque.
Se realizó la revision de pasaporte y visa y las clásicas dos preguntitas de inmigración.
-A qué vino a los Estados Unidos?
-Cuánto tiempo se va a quedar?
Prosiguió una rápida revisada a la valija y quedé listo para hacer mi conexion.
Como el aeropuerto es muy grande, es nescesario tomar un ómnibus interno para ir hasta la otra compañía, la TWA.
Me dirigí hacia la salida y como a unos 15 pasos diviso, del otro lado de la puerta, a un cargador de valijas, que más parecía un oso polar por su vestimenta.
Llevaba varias casacas, un gorro tapando toda su cabeza, bufanda enroscada varias veces en su pescuezo, guantes en sus manos y los clásicos tapaorejas de piel, tan típicos de los países frios.
Nos miramos mutuamente, y yo pensé:
Qué payaso... para qué tanta ropa... no está tan frío...
Y me imagino que el también pensó :
Esta cucaracha latina, sin ropa de abrigo... se va a congelar.
La puerta automática se abre, y paso del paraíso al infierno (pero helado), en un segundo.
Es más o menos como pasar del día más caluroso del verano a las 2 de la tarde, a la noche más helada del invierno.
Estaba 3 grados bajo cero!!
Pero por cierto, no le iba a dar gusto a los demás de escuchar mis gritos aterrorizados de frío... ¿ y mi garra charrúa?
Era hora de ponerla en evidencia, así que mostrando la más absoluta indiferencia, caminé con mi valija hasta el ómnibus.
Hice mi embarque y despegamos hacia la dorada California.
Con la eficiencia americana, todo eso fue hecho en 25 minutos, ...son cosas del primer mundo.
Bueno, dentro del avión un agradable aire acondicionado me hizo "revivir" de aquel "polo congelado neoyorquino".
Vi una buena película, el paisaje agradable y bebí una taza de cafe, (si se pude llamar café). Pero, por un descuido, la azafata en lugar de vertir el café en la taza, lo derramó en mis pantalones .
Sobreviene la tragedia, y la alarma general. La pobre no sabía qué cara poner, vino otra colega con un paño húmedo, y vino el jefe de comisarios a presentar sus disculpas.
Superado el inconveniente y ya tomada mi taza de café, la azafata me ofreció un kit cortesía, un "jogging" de moleton en el clásico color rojo, con el emblema de la compañía. No me hice rogar, fui al baño y volví seco, luciendo mi nuevo uniforme,... .
Los vuelos costa a costa, en condiciones normales duran aproximadamente 5 horas, que pueden verse reducidas cuando la aeronave encuentra los llamados WINDS TAIL, o sean las corrientes de viento de las altitudes, que empujan al avión.
Como ganamos más de media hora, el piloto nos ocsequió con un vuelo a baja altitud, sobre el Grand Canyon de Arizona, que a la hora del altardecer, brinda un sinfín de tonos de ocre y marrón.
Cerca de Los Angeles, pregunté a una azafata sobre mi próxima conexión. Mi boleto está marcado SAN JOSE y un código de la compañía aérea "AC" que no me es familiar. Ella trata de informarse a traves de la radio del avión y me confirma: - " Señor, la compañía es AIR CALIFORNIA, pero ese vuelo que Ud. tiene marcado es para Ontario Canadá!!
-¿Cómo?... Yo quiero ir a San José, y no voy a volver hacia atrás.
-Lo siento mucho, pero tendrá que solucionar su problema en el nostrador de la compañía.
Cuando aterrizamos, me voy furioso a esclarecer el lío, ya pensando que me demoraría un día más hasta obtener un asiento para viajar.
Pero mi pensamiento tercermundista es resuelto en sólo 5 minutos. El empleado entra en su terminal y rehace mi ruta...
...¿Y los pasajes? - le digo.
- No problems. Los imprime y me los entrega. En 30 minutos usted embarcará en nuestro puente aéreo hacia la ciudad de San Francisco y desde allí lo llevaremos a San José...
Resuelto ese trámite burocrático, me acuerdo de mi pobre mi valija... Me indica una puerta como a unos 20 metros y por radio indica al encargado el código de la maleta.
Es increíble el sistema. Si si uno llega y deposita su valija antes del horario de salida de su vuelo, ellos la despachan en el primer vuelo que vaya en ese sentido, tal es así, que muchas veces, la valija llega ANTES que el pasajero y queda a su disposición.
No obstante ello, y viendo tantos jumbos llegando de todas partes del mundo, y el enorme trafico aéreo de la terminal, uno llega a dudar de tanta eficiencia.
Me encamino, ya medio desconfiado, hacia la puerta indicada y cuando faltaban 5 metros para llegar, allí estaba mi valija en manos del funcionario.
El resto del vuelo estuvo conforme a lo planificado; una hora de vuelo hasta el aeropuerto internacional de San Francisco y desde allí, la compañía decoló un 707, para llevar una señora con su hija, una azafata y a mí, (además piloto y copiloto), con más de 230 asientos vacíos para recorrer 60 kms..... increíble....
CAYO HUESO
Así es como los cubanos llaman a la ciudad de Key West, en el extremo sur del estado de Florida.
La primera vez que intenté ir desistí una hora y media antes del viaje, a la altura del cayo Marathon.
La segunda vez me hice la promesa de llegar hasta el final.
Para quien no conoce el lugar, es una cadena de islas, no mayores de 200 metros de ancho, con 22 puentes uniéndolas entre sí.
Desde el coche vemos el agua de color azul turquesa, y completamente llenas de piedra sus pequeñas playas.
Se sale de Miami por la carretera federal US1 hacia el sur. A mitad de camino paro, para comer en un "fast food" mientras veo las evoluciones de los pájaros en busca de su alimento.
Un hermoso sol ilumina el cielo sin una sola nube.
Los puentes son extremadamente angostos y protegidos por muros a ambos lados, permitiéndose sólo el pasaje de un coche a la vez, en cada sentido, lo que exige una cierta dosis de atención, para no raspar espejo contra espejo con quien viene en sentido contrario.
Las radios norteamericanas comienzan a perder su potencia de sintonía, siendo sustituídas por radios cubanas: Radio Revolución, Radio 26 de marzo, etc.
Después de casi 5 horas manejando, llego al penúltimo cayo, cuando comenzó a sonar un "bip" muy fuerte en la estación de radio que estaba escuchando.
Muevo el dial y es lo mismo en todas las emisoras. Más tarde me enteré que es una base aérea Americana que monitorea el espacio entre Usa y Cuba y que en los tiempos de la guerra fría enviaban aviones de caza, cada vez que los Mig cubanos se dirigían hacia el norte.
Key West es una típica ciudad volcada hacia el turismo, más cerca de Cuba que de Miami, a 90 kms de distancia de la isla.
Entre sus atracciones cuenta con un museo naval, y la famosa placa que señala el punto continental más austral del territorio norteamericano. Allí, todo el mundo se saca una foto. Está la casa del escritor ERNEST HEMINGWAY, con su escritorio y su máquina de escribir y la famosa piscina que, en lugar de azulejos, está decorada con moneditas de un centésimo de dólar.
Mientras estaba em la isla, vi la llegada de un par de balseros huyendo de Cuba.
Me asombró la precariedad de las balsas, eran solo maderas y llantas atadas. Rápidamente, el área fue aislada por guardiamarinas, que llevaron a los balseros hasta una zona de exclusión para la revisación médica.
Estando aquí recuerdo la narración de mi madre en la que llegaba becada a Miami, justo la noche en que se decretó el embargo a Cuba y el avión tuvo que pasar sobre la isla con las luces apagadas
La vuelta me pareció más rápida, tal vez porque la hice " non stop".
Misión cumplida.
La primera vez que intenté ir desistí una hora y media antes del viaje, a la altura del cayo Marathon.
La segunda vez me hice la promesa de llegar hasta el final.
Para quien no conoce el lugar, es una cadena de islas, no mayores de 200 metros de ancho, con 22 puentes uniéndolas entre sí.
Desde el coche vemos el agua de color azul turquesa, y completamente llenas de piedra sus pequeñas playas.
Se sale de Miami por la carretera federal US1 hacia el sur. A mitad de camino paro, para comer en un "fast food" mientras veo las evoluciones de los pájaros en busca de su alimento.
Un hermoso sol ilumina el cielo sin una sola nube.
Los puentes son extremadamente angostos y protegidos por muros a ambos lados, permitiéndose sólo el pasaje de un coche a la vez, en cada sentido, lo que exige una cierta dosis de atención, para no raspar espejo contra espejo con quien viene en sentido contrario.
Las radios norteamericanas comienzan a perder su potencia de sintonía, siendo sustituídas por radios cubanas: Radio Revolución, Radio 26 de marzo, etc.
Después de casi 5 horas manejando, llego al penúltimo cayo, cuando comenzó a sonar un "bip" muy fuerte en la estación de radio que estaba escuchando.
Muevo el dial y es lo mismo en todas las emisoras. Más tarde me enteré que es una base aérea Americana que monitorea el espacio entre Usa y Cuba y que en los tiempos de la guerra fría enviaban aviones de caza, cada vez que los Mig cubanos se dirigían hacia el norte.
Key West es una típica ciudad volcada hacia el turismo, más cerca de Cuba que de Miami, a 90 kms de distancia de la isla.
Entre sus atracciones cuenta con un museo naval, y la famosa placa que señala el punto continental más austral del territorio norteamericano. Allí, todo el mundo se saca una foto. Está la casa del escritor ERNEST HEMINGWAY, con su escritorio y su máquina de escribir y la famosa piscina que, en lugar de azulejos, está decorada con moneditas de un centésimo de dólar.
Mientras estaba em la isla, vi la llegada de un par de balseros huyendo de Cuba.
Me asombró la precariedad de las balsas, eran solo maderas y llantas atadas. Rápidamente, el área fue aislada por guardiamarinas, que llevaron a los balseros hasta una zona de exclusión para la revisación médica.
Estando aquí recuerdo la narración de mi madre en la que llegaba becada a Miami, justo la noche en que se decretó el embargo a Cuba y el avión tuvo que pasar sobre la isla con las luces apagadas
La vuelta me pareció más rápida, tal vez porque la hice " non stop".
Misión cumplida.
MI HISTORIA DE CARNAVAL
Era la segunda o tercera vez que viajaba a São Paulo para hacer un curso por la firma. Viajé por avión y estaba alojado en un excelente hotel (4 estrellas) en la Av. Ipiranga en pleno centro de la ciudad.
Recuerdo hasta hoy la primera vez que bajé a desayunar. Había una mesa de más de 10 metros, cubierta de frutas tropicales, panes, quesos, jugos y fiambres.
Una vez servido mi plato se acercó el mozo y llenó mi taza con algo caliente que supuse era té. Como estaba con sed me lo tomé de un solo sorbo, comprobando que estaba sin azúcar y era solo "agua"… era para calentar la taza!!!!!
Al volver el pobre empleado, se quedó pensando a dónde había ido a parar el agua. Claro, yo me hice el otario y no le di ninguna explicación...
Bueno... se acercaba carnaval y yo no conocía Río de Janeiro, así que separé un poco de ropa en una mochila y me fui a la terminal de ómnibus a comprar un pasaje para la Ciudad Maravillosa.
La terminal es increíble, con capacidad para el estacionamiento de 200 ómnibus simultáneamente. Al llegar a los mostradores observé una verdadera lucha que se desató entre los vendedores de las compañías disputándose los probables clientes a grito limpio... aquí, aquí!!
Compré mi boleto en una de las compañías; el funcionario prácticamente me arrebató el dinero al entregándomelo, con la advertencia "corra que el ómnibus esta saliendo".
Y yo quedé pensando ¡¡qué exagerado!! ¿serán todos así???
Bajé la escalera y llegué al portón de embarque. El ómnibus ya estaba cerrando la puerta, y tuve que golpearla para que parase y poder subir.
Salimos por la rodovía Presidente Dutra, en un viaje de aproximadamente 6 horas hasta Río de Janeiro.
Una vez llegado, en la Rodoviaria Novo Río, me tomé un ómnibus con destino a Copacabana, viendo todos los paisajes que tantas veces había visto en la televisión, diarios y revistas.
Av. Brasil, Av. Presidente Vargas, área central, Flamengo, Gloria y los tradicionales barrios Flamengo, Botafogo (divisando el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor), estuvieron a la vista, pasando por el túnel y viendo en el horizonte la Av. Atlántica en Copacabana. Caminé un rato, llegando hasta Ipanema, cuando una suave garúa me obligó a refugiarme en un caño de una obra en construcción.
Miraba mi entorno y no podía creer. Al fin estoy aquí... llegué a una de las playas más famosas del mundo.
Pasé el día vagando y conociendo la ciudad, con todos los hoteles llenos de turistas. Debido a mi limitado poder económico, no podía aspirar a otro hotel que aquellos "donde la estrella es usted".
Fui hasta donde se realizaba el desfile, sintiendo "en carne propia" la vibración de la batucada", calentando los tamboriles para entrar en la avenida.
Como a la 1 de la madrugada volví a la playa en un ómnibus cuyo chofer parecía haber tomado unas cervezas de más, pues amenazaba volcar en cada curva. Por allí me quedé con un argentino que conocí en idéntica situación a la mía...
Nos arreglamos como pudimos para pasar la noche, como toda defensa, yo tenía un cortaplumas…
Como a las 3 de la madrugada llegó la policía peinando la playa, pero no nos incomodaron. Sólo corrieron a las parejas que allí estaban.
Ahora, 35 años después, me horrorizo pensando lo "inconsciente" que fuí. Es que, eran otros tiempos menos violentos, y podía cometer lo pecados de la juventud!!
Me despertaron unas voces cercanas... eran las 10 de la mañana. Todo el mundo en biquini y nosotros, reventados por la humedad de la arena, tratamos de reponernos. En un bar cercano nos lavamos como pudimos; tomamos un jugo y un pastel. Pensé, otra noche así... yo no paso.
Me despedí del amigo ocasional que regresaba a su país y decidí arriesgar del otro lado de la bahía de Guanabara, en la ciudad de Niteroi, que queda enfrente a Río. Tenía la esperanza de que no hubiesen tantos turistas.
Fui hasta el terminal de las barcas, que salen cada 30 minutos, en uno de los paseos más lindos que existen en el mundo..
Al llegar, me dirigí hasta una pensión que me indicaron. Allí conseguí mi famoso cuarto, limpio, con cama y baño propio. Era un lujo comparado con la terrible noche pasada , pero no llegaba ni a los pies de mi "palacio" aquel que dejé en San Pablo, por conocer la famosa Río de Janeiro.
Fui a la playa y tomé un regio baño. Dormí una siesta.
Conocí a pie los barrios de Flechas e Icaraí que tienen la vista más bonita de Río de Janeiro, desde el otro lado de la bahía.
Como a las 7 de la noche salí a caminar. De pronto vi una linda muchacha, bailando sola en la calle; me dejó hipnotizado, con el corazón saltando por la boca, y comencé a conversar con ella ... si quería que la acompañase, etc.
Después de un par de horas de charla, le dije si por la noche querría ir a algún lugar a "sambar". Me dijo que le gustaría, pero que no podía ir sin la autorización de sus padres.
-No hay problema, le contesté, vamos a tu casa, me presento y pedimos el permiso.
A lo que ella estuvo de acuerdo.
Fuimos con su hermana y hermano, hasta el ómnibus que iba a su barrio São Gonçalo.
En 45 minutos de viaje dio tantas vueltas que perdí absolutamente el sentido de orientación, cuando me dijeron:- -Es aquí...
Bajamos y traté de fijar bien el lugar: Estábamos al lado de un morro, frente a una carpintería y con una plaza al lado.
Allá caminamos unos 200 metros y llegamos a una humilde residencia.
...-Salir de noche con un desconocido y encima "castellano"...Ni hablar...
Pedido hecho, pedido negado!!!!!!!!!!!!
-Está bien,- dije- qué tal si nos encontramos mañana de mañana?
-Bueno, me dijo, como a las 10 estaré en la playa de Rosas; te espero en la terminal de ómnibus.
Y así, me regresé hasta el centro, directo a dormir.
Al día siguiente, 15 minutos antes de la hora combinada, allá estaba yo vistiendo bermudas, y unos lentes rayban.
Había mucha gente y varios ómnibus, pero no pude localizarla, e imagino que ella tampoco me reconoció en ropa de baño y con lentes grandes y obscuros.
Tenté rehacer el trayecto a su casa, pues existen varias líneas de ómnibus que van a São Gonçalo, pero... también existen decenas de morros, plazas y carpinterías, por lo que no localicé el lugar.
Volví a São Paulo a terminar mi curso.
He regresado decenas de veces a Río de Janeiro y las mismas veces, durante 6 años, intenté encontrarla con idéntico resultado.
Nunca más conseguí localizar su casa, ...ni siquiera sé su nombre. Sólo lo guardo como un tierno recuerdo de mi juventud y de aquel gran CARNAVAL QUE PASÓ POR MI VIDA!!!
Recuerdo hasta hoy la primera vez que bajé a desayunar. Había una mesa de más de 10 metros, cubierta de frutas tropicales, panes, quesos, jugos y fiambres.
Una vez servido mi plato se acercó el mozo y llenó mi taza con algo caliente que supuse era té. Como estaba con sed me lo tomé de un solo sorbo, comprobando que estaba sin azúcar y era solo "agua"… era para calentar la taza!!!!!
Al volver el pobre empleado, se quedó pensando a dónde había ido a parar el agua. Claro, yo me hice el otario y no le di ninguna explicación...
Bueno... se acercaba carnaval y yo no conocía Río de Janeiro, así que separé un poco de ropa en una mochila y me fui a la terminal de ómnibus a comprar un pasaje para la Ciudad Maravillosa.
La terminal es increíble, con capacidad para el estacionamiento de 200 ómnibus simultáneamente. Al llegar a los mostradores observé una verdadera lucha que se desató entre los vendedores de las compañías disputándose los probables clientes a grito limpio... aquí, aquí!!
Compré mi boleto en una de las compañías; el funcionario prácticamente me arrebató el dinero al entregándomelo, con la advertencia "corra que el ómnibus esta saliendo".
Y yo quedé pensando ¡¡qué exagerado!! ¿serán todos así???
Bajé la escalera y llegué al portón de embarque. El ómnibus ya estaba cerrando la puerta, y tuve que golpearla para que parase y poder subir.
Salimos por la rodovía Presidente Dutra, en un viaje de aproximadamente 6 horas hasta Río de Janeiro.
Una vez llegado, en la Rodoviaria Novo Río, me tomé un ómnibus con destino a Copacabana, viendo todos los paisajes que tantas veces había visto en la televisión, diarios y revistas.
Av. Brasil, Av. Presidente Vargas, área central, Flamengo, Gloria y los tradicionales barrios Flamengo, Botafogo (divisando el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor), estuvieron a la vista, pasando por el túnel y viendo en el horizonte la Av. Atlántica en Copacabana. Caminé un rato, llegando hasta Ipanema, cuando una suave garúa me obligó a refugiarme en un caño de una obra en construcción.
Miraba mi entorno y no podía creer. Al fin estoy aquí... llegué a una de las playas más famosas del mundo.
Pasé el día vagando y conociendo la ciudad, con todos los hoteles llenos de turistas. Debido a mi limitado poder económico, no podía aspirar a otro hotel que aquellos "donde la estrella es usted".
Fui hasta donde se realizaba el desfile, sintiendo "en carne propia" la vibración de la batucada", calentando los tamboriles para entrar en la avenida.
Como a la 1 de la madrugada volví a la playa en un ómnibus cuyo chofer parecía haber tomado unas cervezas de más, pues amenazaba volcar en cada curva. Por allí me quedé con un argentino que conocí en idéntica situación a la mía...
Nos arreglamos como pudimos para pasar la noche, como toda defensa, yo tenía un cortaplumas…
Como a las 3 de la madrugada llegó la policía peinando la playa, pero no nos incomodaron. Sólo corrieron a las parejas que allí estaban.
Ahora, 35 años después, me horrorizo pensando lo "inconsciente" que fuí. Es que, eran otros tiempos menos violentos, y podía cometer lo pecados de la juventud!!
Me despertaron unas voces cercanas... eran las 10 de la mañana. Todo el mundo en biquini y nosotros, reventados por la humedad de la arena, tratamos de reponernos. En un bar cercano nos lavamos como pudimos; tomamos un jugo y un pastel. Pensé, otra noche así... yo no paso.
Me despedí del amigo ocasional que regresaba a su país y decidí arriesgar del otro lado de la bahía de Guanabara, en la ciudad de Niteroi, que queda enfrente a Río. Tenía la esperanza de que no hubiesen tantos turistas.
Fui hasta el terminal de las barcas, que salen cada 30 minutos, en uno de los paseos más lindos que existen en el mundo..
Al llegar, me dirigí hasta una pensión que me indicaron. Allí conseguí mi famoso cuarto, limpio, con cama y baño propio. Era un lujo comparado con la terrible noche pasada , pero no llegaba ni a los pies de mi "palacio" aquel que dejé en San Pablo, por conocer la famosa Río de Janeiro.
Fui a la playa y tomé un regio baño. Dormí una siesta.
Conocí a pie los barrios de Flechas e Icaraí que tienen la vista más bonita de Río de Janeiro, desde el otro lado de la bahía.
Como a las 7 de la noche salí a caminar. De pronto vi una linda muchacha, bailando sola en la calle; me dejó hipnotizado, con el corazón saltando por la boca, y comencé a conversar con ella ... si quería que la acompañase, etc.
Después de un par de horas de charla, le dije si por la noche querría ir a algún lugar a "sambar". Me dijo que le gustaría, pero que no podía ir sin la autorización de sus padres.
-No hay problema, le contesté, vamos a tu casa, me presento y pedimos el permiso.
A lo que ella estuvo de acuerdo.
Fuimos con su hermana y hermano, hasta el ómnibus que iba a su barrio São Gonçalo.
En 45 minutos de viaje dio tantas vueltas que perdí absolutamente el sentido de orientación, cuando me dijeron:- -Es aquí...
Bajamos y traté de fijar bien el lugar: Estábamos al lado de un morro, frente a una carpintería y con una plaza al lado.
Allá caminamos unos 200 metros y llegamos a una humilde residencia.
...-Salir de noche con un desconocido y encima "castellano"...Ni hablar...
Pedido hecho, pedido negado!!!!!!!!!!!!
-Está bien,- dije- qué tal si nos encontramos mañana de mañana?
-Bueno, me dijo, como a las 10 estaré en la playa de Rosas; te espero en la terminal de ómnibus.
Y así, me regresé hasta el centro, directo a dormir.
Al día siguiente, 15 minutos antes de la hora combinada, allá estaba yo vistiendo bermudas, y unos lentes rayban.
Había mucha gente y varios ómnibus, pero no pude localizarla, e imagino que ella tampoco me reconoció en ropa de baño y con lentes grandes y obscuros.
Tenté rehacer el trayecto a su casa, pues existen varias líneas de ómnibus que van a São Gonçalo, pero... también existen decenas de morros, plazas y carpinterías, por lo que no localicé el lugar.
Volví a São Paulo a terminar mi curso.
He regresado decenas de veces a Río de Janeiro y las mismas veces, durante 6 años, intenté encontrarla con idéntico resultado.
Nunca más conseguí localizar su casa, ...ni siquiera sé su nombre. Sólo lo guardo como un tierno recuerdo de mi juventud y de aquel gran CARNAVAL QUE PASÓ POR MI VIDA!!!
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