jueves, 26 de abril de 2007

FRENTE AL MEJOR JUGADOR DEL MUNDO

Una noche, hace ya más de 4 años, me llama el dueño de la Inmobiliaria en la que yo trabajaba. Precisaba de mí para hacer un contrato en el computador ya que la secretaria estaba enferma.

Como el que actualizaba y más trabajaba con el computador, era yo, acepté y fuí hasta la firma, donde comencé a elaborar el contrato.

Como a los 15 minutos, llegaron Ronaldinho gaúcho, con su hermano Assis, también jugador de fútbol, que actuaba en Japón y un amigo. Eran ellos quienes firmarían el contrato.

Reconozco que no sé nada de fútbol y menos nombres de jugadores. Un colega me dijo: -Viste, ese es Ronaldinho, y digo ¿Por qué le dicen así, porque es negro y parecido a Ronaldo el carioca, -que en ese momento era el famoso?


Y me dicen:- El nombre de él es Ronaldo, y juega en el club Gremio.

Bueno... me dediqué a hacer mi trabajo. Llevé las copias impresas hasta la sala donde todos estaban sentados, firmaron y a la salida él se despidió de cada uno de nosotros, dándonos la mano.

La impresión que me dio en el momento fue que era un muchacho simple, a pesar de estar vestido con ropas de marcas internacionales. No tenía ningún aire de grandeza o de ostentación. En esa época era un jugador del montón.

Después explotó su calidad siendo uno de los mejores jugadores del mundo. Fué comprado por el Paris Saint Germain y después se fué a España.

Se consagró como el mejor jugador de fútbol del año, por su fairplay, y sus diabluras de gurí, enloqueciendo a los adversarios.

Pero no ha perdido su simpicidad. Eligió, para vivir, una casa en un condominio aquí en la zona sur de Porto Alegre, a escasos 2 kilómetros del campito de tierra, donde comenzó a domar el mejor regalo que le hicieron en su vida, una pelota de fótbol.

Más tarde conocí a su madre Doña Miguelina, una señora muy simpática y de ojos muy vivaces.

Los fines de semana que viene por aquí, Ronaldinho tiene un compromiso ineludible: tocar samba, y comerse un asadito con sus amigos de siempre, lejos de las cámaras del mundo entero.

Por eso, cuando vean a un pibe pateando una pelota solito en un campito de futbol, dediquen un minuto para observarlo con atención. De repente están frente a un nuevo ídolo mundial y tendrán tema para hacer un relato, como este mío.

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